-Asegura que «Rodrigo Valdés es un tremendo economista, una persona prudente, pero no le veo el tonelaje político para cambiar el timón».

-Proyecta que la economía crecerá entre 2% y 2,5% éste y el próximo año, y cree que no hay razones para invertir en Chile.

Un crítico diagnóstico sobre la marcha de la política, la economía y el proceso de reformas que impulsa el Gobierno tiene el economista y socio de Quiroz & Asociados, Jorge Quiroz. Bajo su óptica, el principal argumento de quienes propusieron estos cambios estructurales en materia tributaria, educacional y constitucional era la búsqueda, como objetivo final, de la paz social. Sin embargo, señala que a 14 meses de iniciado el Gobierno ese razonamiento ya no se sustenta. Asimismo, el también consejero  de la Sociedad Nacional de Agricultura sostiene que los escándalos políticos han mermado la legitimidad del Parlamento, por lo que propone como solución adelantar las elecciones parlamentarias. Por su parte, para las elecciones presidenciales de 2017 perfila como nuevos líderes a Andrés Velasco y Felipe Larraín.

¿Cuál es su análisis sobre el momento político y económico por el que atraviesa el país?

Han ocurrido fenómenos bastante importantes de los cuales advertí hace un año y medio, y que recién ahora es parte de un consenso: este ímpetu de reformas tributaria, educacional, constitucional, iba a generar una suerte de incertidumbre muy grande en la economía.  Sin embargo, entre los defensores de las reformas se decía que éstas eran necesarias porque iban a traer paz social, ya que el país necesitaba redistribuir los ingresos, y ocurre que la misma gente argumentaba  que estas reformas no iban a generar tanta incertidumbre. A 14 meses de iniciado el Gobierno esos dos diagnósticos se evidencian como absolutamente equivocados.

¿A qué se debe este mal diagnóstico?

Hoy tenemos más ímpetu social que hace dos años. Por ejemplo, hoy hay miles de colegios que tienen el año perdido por el paro de profesores. Sobre la marcha nos fuimos dando cuenta  que se comenzó a recaudar para la educación, pero no sabemos si esa recaudación es para mantener privilegios a profesores que están mal evaluados  o para la reforma educacional. Entonces, están las reformas que tienen un costo, pero además se está poniendo en evidencia  que no tienen ese beneficio social que se argumentaba.  El ímpetu de reformas y el que no generen paz social explica el virtual desplome de la inversión en Chile, que pasó de ser 25% del PIB en 2013 a un 20% del PIB  ahora. No puedes pretender cambiar todo un país porque se tiene una mayoría transitoria que dice que hay que hacerlo. Hay un error de interpretación, de que la gente quería estos cambios, pero hoy se está viendo que no los quiere tanto.

La próxima discusión que se aproxima es la reforma constitucional, ¿puede seguir afectando la inversión?

Obviamente. Si el sistema privado está basado en el derecho individual de propiedad y la Constitución que se va a discutir quiere poner en cuestión ese tema, no me cabe ninguna  duda que vamos a tener problemas adicionales.

¿Les da algún crédito o margen de acción a los nuevos ministros para mejorar las reformas y recuperar el crecimiento? 

No veo ningún cambio. El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, es un tremendo economista,  una persona prudente, pero no le veo el tonelaje político para cambiar el timón, ya que para esto se requiere una operación política mayor. Sobre Nicolás Eyzaguirre (ministro de la Secretaria General de la Presidencia), él es un buen economista, pero lo que hizo en educación me hace pensar qué es lo que tiene en la cabeza. Cuando pasen los años, algunos se van a arrepentir de haber sido miembros de este gabinete, porque se ha usado el prestigio y el nombre de ellos para calmar a  la  gente, pero en la práctica la cosa siguen igual.

¿Qué fue lo que cambió entre la Presidenta Bachelet 2006 y la Presidenta Bachelet 2014?

Bachelet hizo un intento en su primer período de gobernar sin la Concertación. Fue una Presidenta muy izquierdista, pero contenida por la Concertación y por Andrés Velasco. Ahí el ex ministro de Hacienda  fue capaz de mantener la cordura y la austeridad fiscal en los buenos años del cobre, lo que permitió después sortear la crisis 2009 con éxito. Hoy día esos dos muros de contención desaparecieron. No está la Concertación ni tampoco veo a ningún Velasco al interior del gabinete.

¿Los escándalos políticos y empresariales afectan también este clima de inversión?

En la medida que se produce una  pérdida total de la legitimidad de los políticos, salvo honrosas excepciones, lo que viene más atrás en las personas es una sensación de traición. Por ejemplo, cómo cree que se siente la gente de izquierda que sabe ahora que sus líderes fueron pagados por el yerno de Pinochet desde el mismo año 1990 en adelante. Vendieron sus convicciones. O por el contrario, que siendo  de  derecha se conozca que el principal problema de  un partido era cómo esquivar las boletas. Y ahora, el que creyó en Marco Enríquez-Ominami, que está aparentemente en el número uno de la planilla (de financiamiento). Entonces una solución es que se adelanten las elecciones parlamentarias para que ingrese una segunda o tercera generación de los partidos y así comenzar a legitimar nuevamente el sistema político.

¿Es partidario de adelantar la elección parlamentaria y también la presidencial?

La presidencial no, pero por lo menos la parlamentaria. Le pediría a los políticos un gesto de patriotismo y que renuncien todos para que ingrese gente que no tenga ningún problema, ninguna boleta, porque lo que está pasando ahora es el peor de los mundos, ya que hay sensación de ilegitimidad. Eso hace que las personas se sientan con el derecho a no pagar el Transantiago, que se diga por qué voy a pagar la universidad si están en huelga. Viene una especie de daño al tejido social. Todo esto hace que los políticos quieran recuperar el prestigio con ideas populistas como la de querer que los estacionamientos sean gratis. Esta combinación es muy mala y los políticos tienen que darse cuenta e irse.

¿Lo que usted propone se podría hacer?

Tendría que ser con un acuerdo voluntario.  Es factible si hay sentido de patriotismo, porque lo que tenemos ahora es un desgobierno absoluto. Eso lo empiezo a ver en los mandos medios. Hoy día el Gobierno está tan preocupado de todos los escándalos y problemas que los mandos medios se mandan por su cuenta. No diré nombres, pero son reparticiones súper importantes para la inversión y el crecimiento, pero las políticas están siendo lideradas por personas de cuarto y quinto nivel.

¿A quiénes ve como futuros líderes políticos pensando en la elección presidencial de 2017?

Tengo confianza en que vamos a salir  adelante, pero para ello tenemos que convencernos que debemos conformar un Gobierno, no voy a decir de unidad nacional, pero sí algo que se le parezca, que aúne grandes fuerzas políticas. Las grandes mayorías en Chile no están por las cosas extremas, y en ese sentido, gente como Andrés Velasco está en la dirección correcta, del mismo modo como lo puede estar un Felipe Larraín, son personas centradas. Ese tipo de líderes son los que se necesita. Felipe Larraín ha hecho un tremendo trabajo en Clapes-UC. Es una persona que está reflexionando sobre el futuro. Hay que pensar en un Gobierno de gran mayoría nacional.

PIB 2016 igual o peor al de 2015 

Usted mencionó que la inversión cayó de 25% a 20% del PIB. ¿Ve algún indicio de recuperación? 

La inversión cayó violentamente el año pasado. Venía bajando el último trimestre de 2013, pero se pegó un aterrizaje forzoso en 2014.  Ahora está creciendo casi cero y este año lo que permite la posibilidad de que el país pueda crecer entre 2% y 2,5%, es la expansión del gasto público.

¿Es sostenible mantener este ritmo de expansión pública?

No cabe duda que a final de año nos vamos a encontrar con un déficit estructural relevante, por arriba de 1% de todas maneras, y por lo tanto el Gobierno se verá en la encrucijada de aplicar el próximo año una moderación en la expansión fiscal. Ya no se va a volver a crecer a un ritmo de 10%, sino más bien cerca de 5%, si es que se quiere acercar a la meta de balance.

¿Ve factible llegar a un balance estructural en 2018? 

No lo veo factible por ningún lado. Imagínese que el producto potencial de la economía, si bien los economistas no lo determinan todavía, me sorprendería que fuera mayor a 3,5%. Por tanto, para mantener la situación actual el gasto público debiera ser 3,5%, pero no irá a ese nivel sino que más bien a entre 4% y 5%, pero venimos con  una expansión del 10%. Son 6 puntos menos de demanda agregada, sobre 20% de participación en la demanda agregada, es decir 1,2 puntos de PIB menos,  y con la inversión sin crecer y el consumo plano, el 2016 lo veo probablemente con una tasa de crecimiento igual o más baja que la de este año.

¿No ve entonces ningún repunte de la inversión privada?

Por qué debería aumentar la inversión. Por qué invertir en Chile si estamos cambiando todo: en lo laboral ni siquiera sé si los sindicatos van a ser titulares o si va a haber posibilidad de reemplazo en huelga. Además, aquí hay un quiebre del Estado de derecho que se viene produciendo hace bastante tiempo y que ahora ha recrudecido. Por qué voy a invertir en la industria, si probablemente voy a quedar esclavo de los sindicatos portuarios.  Estamos en un clima casi pre revolucionario.

¿Ve que se mantiene la incertidumbre por la reforma tributaria?

Hoy día en materia tributaria se está haciendo ley a punta de circulares y muchas de esas son ilegales e inconstitucionales.  El SII no tiene la potestad de dictar leyes, entonces, las circulares son aclaratorias de temas contenidos en el cuerpo legal, pero estamos en la delgada línea roja.