Jorge Quiroz Socio Principal de Quiroz & Asociados

Hay tanto “Brexit”, que mejor hablemos de fútbol. Chile Bicampeón de América. ¿Un hecho fortuito?

La teoría del hecho fortuito sería como sigue. A pesar de ser muy “futboleros”, seríamos malos para la pelota. Por ejemplo, Uruguay, con sólo un 20% de la población de Chile, ha ganado 15 veces la Copa América… De pronto -¿milagro?- habría surgido una generación victoriosa, capaz de darnos lo imposible: la Copa de América en dos años consecutivos. Un hecho fortuito.

Pero podemos postular una teoría distinta. Observemos que el 65% de las veces, la Copa América ha recaído en sólo dos países: Uruguay y Argentina. Y aquellos son los que durante los últimos cien años han encabezado el ingreso per cápita al sur del Río Grande. Pero no sólo eso. Son también los dos países que por años fueron los grandes exportadores –y también consumidores– de proteína en la región; no por nada, en Uruguay hay casi cuatro vacunos por habitante. Se trata entonces de dos países igual de “futboleros” que Chile, pero que por ingreso e historia han contado desde siempre con una población alimentada como la de país rico. De ahí la altura legendaria de sus jugadores y su energía para terminar los dos tiempos corriendo… y el alargue también.

Hace medio siglo, Chile era otro. La mortalidad infantil superaba los 100 por cada mil nacidos vivos. Y los sobrevivientes llevaban consigo las lacras de la desnutrición, que afectaba a casi el 40% de la población: cociente intelectual y estatura bajas por igual.

Pero hace cuarenta años, bajo la inspiración de los programas que promoviera el Doctor Mönckeberg, nuestro sustrato biológico cambió radicalmente. Nuestro país se embarcó en un programa nutricional de dimensiones macroeconómicas, que lo llevaría a disminuir su mortalidad infantil y sus tasas de desnutrición a menos de un décimo de las históricas. Hacia fines de los ochenta, la tarea ya estaba en buena medida terminada, pero siguió consolidándose en los noventa. Y ocurre que “la Roja” de hoy corresponde a la primera generación “post-Mönckeberg“: aquella que creció, sin importar su extracción social, con la proteína necesaria desde su gestación en adelante, y que por lo mismo, mide en promedio diez centímetros más que la generación precedente…

La virtual eliminación de la desnutrición permitió que el “universo” de población de donde se extrae a la selección se multiplicase al menos por dos y al 20% más rico de los niños sus padres rara vez les dejan intentar ser jugadores de fútbol. Y por al menos dos entonces se multiplicaron las chances de salir campeones. A lo que deberíamos agregar el optimismo. Porque se trata de una generación que vio cómo superaba en casi todo aspecto al pasado: no vive de triunfos morales. Lo que –no es casualidad- coincide también con el ascenso del ingreso per cápita de Chile, que alcanzó las posiciones históricas que ostentaban Uruguay y Argentina. Nuestro país configuró así una estructura propia de campeón de fútbol: ingreso per cápita de la mitad para arriba en la tabla mundial y población alimentada como la de país desarrollado.

Me podrán decir que mi teoría es incompleta, porque no explicaría por qué un país como Estados Unidos no ha ganado nunca la Copa América, y tampoco explicaría por qué Brasil, teniendo aún muchas de las lacras de desnutrición y pobreza que tenía Chile a mediados de los setenta, ha sido campeón 8 veces. Contesto a ello que mi análisis supone “preferencias constantes”: Estados Unidos no es ni por cerca lo “futbolero” que es Chile, lo suyo es el Béisbol. Y en lo que respecta a Brasil, su performance es totalmente consistente con mi teoría: a pesar de ser tan “futbolero” como Uruguay o Argentina, está subrepresentado en la Copa América, porque teniendo una población 60 veces mayor que la de Uruguay, ha ganado sólo cerca de la mitad de las ocasiones en que lo ha hecho dicho país. Precisamente porque carece del sustrato biológico de un Uruguay o de una Argentina, que es donde Chile finalmente ha llegado, después de décadas de esfuerzo y sacrificio.

No es un hecho fortuito. Nos lo ganamos y toca cuidarlo.