Jorge Quiroz:”La mera conjetura de repetir la guerra comercial de mediados de los 30 causa turbulencia en los mercados…”

El Presidente Trump ha anunciado la inminente aplicación de tarifas de importación extraordinarias al acero y al aluminio. La decisión en sí no es novedosa: Estados Unidos ya dispone de la friolera de 169 medidas de protección contra productos de acero y sus derivados. Tampoco es novedad la sobreoferta estructural del acero en el mundo, lo que también ha motivado múltiples medidas de protección en otras latitudes.

¿Por qué entonces tanta conmoción?

El problema no es la medida en sí, sino la coreografía que la acompaña. Y ello no es trivial, si se tiene en cuenta que el Presidente Trump, otrora conductor de shows televisivos, sí sabe de coreografías. Como hubiese dicho McLuhan, en este caso, el medio fue el mensaje. Y ese es el quid del asunto.

Vamos por partes. La Organización Mundial del Comercio, OMC, contempla artículos de común uso y aceptación cuando de medidas de protección extraordinarias se trata. Son los socorridos artículos VI, derechos antidumping y compensatorios, y XIX, salvaguardias. Ellos conforman una suerte de “Manual de Carreño” por el que se rigen los países. Por lo mismo, los artículos en cuestión siguen un procedimiento reglado, que limita la discrecionalidad del país que impone la medida, da oportunidad a los afectados de exponer sus puntos de vista y también de apelar a instancias internacionales.

La sujeción al “Manual de Carreño” habría supuesto la invocación de alguno de esos artículos. Pero no fue así. Con cierta estridencia, el Presidente Trump enarboló legislación norteamericana de la época de la Guerra Fría, que autoriza la imposición unilateral de medidas de protección por razones de seguridad nacional. Además, para agregar condimento, señaló que algunos países “amigos” estarían exentos y otros no, lo que constituye una discrecionalidad totalmente reñida con la OMC. En breve, se salió del “Manual de Carreño” con una coreografía más bien propia del conflicto.

Como si lo anterior fuera poco, el Presidente manifestó a través de Twitter, con una soltura sorprendente, su bienvenida a una posible guerra comercial. En respuesta, Europa ya considera represalias comerciales contra Estados Unidos, incluyendo ítems como las motos Harley Davidson y los Levi’s Jeans, todos productos “americanos” por antonomasia.

Las guerras comerciales tienen un trágico récord. La masiva alza tarifaria de Estados Unidos a mediados de 1930 -la iniciativa “Smoot-Hawley”- fue responsable de la subsecuente guerra comercial que dividió por tres el comercio internacional en solo cuatro años, contribuyendo a la Gran Depresión. No sorprendentemente, la mera conjetura de repetir el episodio causa turbulencia en los mercados. La coreografía escogida es temeraria.

Jorge Quiroz