Jorge Quiroz: De la “Gran Depresión”, el mundo salió con una guerra mundial. Aún no sabemos cómo saldremos de “La Gran Liquidez”

En Estados Unidos y otras latitudes, después de años de alza de las acciones y bonos, un turbulento febrero removió los mercados. Al final del día, fue solo un amago de crisis. Pero quedó una inquietud ambiente, una suerte de espada de Damocles que pende sobre los mercados. ¿De qué espada se trata?

Del dinero. Cuestión previa: contrariamente al mito popular, el dinero no lo crea el banco central, sino el sistema económico en su conjunto. Sí, el banco central imprime billetes -“el circulante”-, pero son las personas quienes deciden si los depositan en un banco o los guardan bajo el colchón. Y son los bancos los que deciden si los depósitos que reciben los prestan o los dejan como “reservas” en el propio banco central. Cuando las personas depositan y los bancos prestan, el mismo “billete” puede servir como “dinero” para varios a la vez. Decimos entonces que el circulante y reservas son “multiplicados” por el sistema: hablamos del “multiplicador bancario”. Cuando cunde el pánico -mucha plata bajo el colchón, mucha reserva en el banco central y pocos préstamos-, el multiplicador cae y con ello el dinero. Lo contrario ocurre cuando reina el optimismo. A su turno, los efectos del dinero en la economía dependen de su “velocidad de circulación”. Mientras más rápido circule, mayores los efectos sobre inflación y viceversa.

Revisitemos ahora la historia. Cosas del destino, Ben Bernanke, erudito de la “Gran Depresión”, presidía la Reserva Federal (Fed) cuando se gatilló la crisis subprime en 2008. Bernanke se encontró, en cosa de días, con el mismo cuadro que precedió a la crisis de los treinta: caída en la velocidad de circulación y caída abrupta del multiplicador bancario, lo que habría contraído el dinero. No quiso errar como la Fed de entonces, que permitió una colosal contracción monetaria. Actuó en cambio con audacia, comprando trillones de dólares en bonos, evitando el desastre. Fue luego seguido por otros banqueros centrales. Nos salvaron así de una nueva “Gran Depresión”.

Pero, a cambio, nos legaron una “Gran Liquidez”: el dinero en Estados Unidos lleva diez años creciendo al 10% anual, tasa tres veces superior a la de precrisis. Con todo, la velocidad de circulación sigue aún muy baja, al igual que el multiplicador bancario. Pero ahora que vuelve el optimismo, el multiplicador podría recuperarse y la velocidad de circulación también. Ello expandiría el dinero rápidamente y también sus efectos inflacionarios, obligando a la Fed a vender masivamente los bonos acumulados, perdiendo total control de la tasa de interés. Se configuraría entonces ya no un amago de crisis, sino una de veras. El temor a ese desenlace produce la turbulencia de febrero: venta incipiente de bonos en temor a una eventual venta masiva futura.

De la “Gran Depresión”, el mundo salió con una guerra mundial. Aún no sabemos cómo saldremos de “La Gran Liquidez”. He ahí la espada de Damocles.

Jorge Quiroz