En Valparaíso, Santiago, el campo y Zapallar transcurren los 15 relatos de luces y sombras de chilenos que transitan en un país en cambio.

Penas y alegrías. Esperanzas y frustraciones. Pasiones y crímenes. Son quince los relatos que componen el primer libro de cuentos del economista y columnista de Diario FinancieroJorge Quiroz, que en su debut literario retrata la vida de chilenos de todos los estratos que, cada uno a su modo, se mueven entre los códigos de un país en mutación en las últimas cinco décadas hasta el Chile actual.

Hay crónica roja y también humor, pero sobre todo un volver a mirar las raíces en Cuentos pendientes -el nombre es un guiño al ámbito profesional de Quiroz-, que se lanzará este lunes 30 de noviembre a las 19.30 horas en el Restaurant Castillo Forestal, frente al Museo de Bellas Artes.

– ¿Desde cuándo tenía estos cuentos pendientes?
– Sentí en un minuto que tenía ganas de escribir y empecé hace cinco años. Comencé de hecho una novela, que está lista pero los mismos patrones de referencia que tengo me han hecho dudar si vale la pena publicarla o no. Y cuando estaba terminando esa novela me surgió esta idea de hacer algo tal vez menos ambicioso y menos exigente con el lector, pero que a su vez exige disciplina porque a mí me gusta que los cuentos tengan trama, finales sorpresivos, que se lean ágilmente, y entonces empecé este ejercicio de algún modo ir desgranando esta idea más grande que tenía, en cosas más puntuales y la consecuencia de eso fue que al final hubo algunos denominadores comunes que me hicieron ponerle ese nombre. Me demoré en el libro tres años. El título es lo último que salió.

– ¿Qué fue lo que le motivó a escribir algo que no es su día a día como economista y asesor económico de varias compañías?
– Es una buena pregunta y te la contesto con un verso de una canción setentera de Silvio Rodríguez: He preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado. Yo estoy todo el día en el mundo de lo posible y de repente entrar al mundo de la ficción es entrar a otro mundo. Tiene sus reglas también, tiene su lógica, pero igual es otro mundo y también es otra forma de acceder a ciertos aspectos que para mí hoy es evidente que son tanto o más importantes que lo económico. Repito que no escribí por eso, escribí porque me nace escribir, pero al final te das cuenta que también tenía un sentido, que creo que es super relevante en el mundo actual.

– Valparaíso, Itata, Molina, Santiago, Zapallar… ¿Cuánto de ficción hay en los relatos y cuánto de experiencias personales?
– Creo que todos estos cuentos son una especie de algo que me gustaba hacer mucho en el colegio que es el collage, con el que uno puede poner la cara de alguien, el cuerpo de otra persona, un transfondo serio y delante algo cómico. Yo creo que cada uno de estos cuentos tienen unos pedacitos que vienen de la realidad, en particular de lo que ha sido nuestro devenir histórico y social en los últimos 50 o 60 años, pero ninguno es realidad. Cada uno de esos cuentos es una unidad que es ficticia, pero está construido con ladrillitos y pedazos de algunas experiencias directas, otras contadas, pero todas vueltas a recrear en un mundo netamente ficticio.

– Independiente de si son ricos o pobres, hay historias de personas que no han sido exitosas o que si bien se han esforzado, no terminan de sentirse abrazados por un modelo cuyas reglas han asumido…
– Lo que muestran estos cuentos, en algunos casos, es algo que me ha impresionado un poco de la sociedad chilena, especialmente en el último tiempo, y es que «objetivamente» en los datos hay un aumento del bienestar material a todo nivel, pero la percepción que tienen las personas de esa realidad muchas veces y en una gran mayoría de los casos tiende a ser más bien adversa, porque dentro de su fuero íntimo están construidos con una herencia de pesimismo o de abuso, y eso es a todo nivel social. Ni siquiera es un tema de que es un problema de desigualdad de oportunidades materiales, como lo pretenden demostrar muchas veces algunos economistas de izquierda. Yo tiendo a pensar que la principal desigualdad es de oportunidades espirituales, porque en un mundo donde tú has resuelto las necesidades básicas, e incluso sigues creciendo, lo que diferencia a unos y a otros es la capacidad espiritual de disfrutar un montón de intangibles, desde una buena conversación a la música, por ejemplo. Cuando tú de repente vas y ves la crispación social, ves cómo la gente habla en los tuits, ves cómo cada evento genera odio, resentimiento, rencores, desconfianzas, no puedes evitar pensar que a una primera revolución que hubo en el país, que fue la biológica, tenemos que poner una segunda encima, que es de naturaleza un poco más espiritual y que por lo demás está documentada en trabajos de economistas famosos que te dicen que la instrucción no es lo más importante, lo más importante son las habilidades blandas, dentro de las cuales está el optimismo, la perseverancia, y un par de cosas más que yo las resumo como «la buena onda». Entonces, de alguna manera lo que estos cuentos muestran es que ocurre una serie de eventos sociales y políticos y te das cuenta que la persona es víctima de una situación, pero ante todo es víctima de sí misma, y por eso en estos cuentos al final cuesta mucho encontrar un malo. Uno termina entendiendo al que estafó o a gente que incluso termina cometiendo un crimen, y de eso me di cuenta cuando terminé de escribir esto, que lo que había detrás era una especie de ánimo de intentar redimir a muchas personas de distintos estratos sociales, de distintas posiciones políticas, porque siento que lo que falta un poco es esta buena onda, y este libro va un poco en esa dirección.

– ¿Y en este redimir de los personajes, hacia dónde va la sociedad chilena?
– Creo que lo que viene después de la redención o de la catarsis tiene que ver primero que todo con recoger tu identidad, de dónde vienes.El último cuento del libro, Todos íbamos a ser ricos, uno podría contarlo como cuento y puede llegar a mucha gente, o podría contarlo como un artículo donde recuerde al famoso economista James S. Duesenberry, que nos advirtió ya en los años 40 que el bienestar de las personas más que depender de su propio consumo dependía del consumo relativo a sus pares, porque con ellos se comparaban.

– ¿Y usted se redime con el lanzamiento de este libro? ¿Qué representa?
– De alguna manera el lanzamiento del libro tiene algo de, como decía un amigo agricultor, «parir un piano». Representa este ejercicio en ficción, en narración, con mucho cariño por los personajes, que tiene que ver con este tema de la redención, además con mucho amor por Chile, porque yo creo que se escuchan en el libro con nitidez las voces de distintos extractos sociales y culturales, y de alguna manera el lanzamiento es poner todas estas reflexiones hechas ficción para hacerlas entretenidas, llevaderas, ponerlas arriba de la mesa a disposición de todos. No me es trivial porque es como exponerse a uno mismo, pero hay que recordar que todo es ficción.