Las grandes conmociones sociales, aquellas que cambian la historia, han estado usualmente asociadas a crisis fiscales. Éstas pueden ser “de flujos” o “de balance”. Son de flujos cuando el déficit y deuda pública han alcanzado niveles tales que el crédito del gobierno desaparece. Son de balance cuando habiendo un aparente orden fiscal, súbitamente emergen demandas de las que el Estado debe hacerse cargo en breve plazo, y que la conmoción social pone de relieve.

Las crisis de flujos son de fácil solución: hay que llamar al FMI. El subsecuente ajuste fiscal usualmente causa una conmoción social. Las crisis de balance, en cambio, son infinitamente más complejas. Acostumbrada a la normalidad, la crisis toma por sorpresa a la tecnocracia; surge parálisis por análisis, luego el zigzag, para finalmente perder toda iniciativa. Continue reading →